Hernia discal cola de caballo

Esperanza de vida de la cauda equina

El síndrome de la cauda equina es el resultado de la compresión (compresión) de la cauda equina, el saco de nervios y raíces nerviosas situado en la base y justo debajo de la médula espinal en el canal espinal lumbosacro. Es un trastorno poco frecuente pero grave, y una urgencia médica.

Los nervios de la cauda equina proporcionan funciones motoras y sensoriales a las piernas y la vejiga. La compresión de estos nervios puede interrumpir su función, y los efectos pueden ser graves. El síndrome de cauda equina puede provocar una disfunción de la vejiga y el intestino (pérdida de control de la vejiga y el intestino) e incluso una parálisis permanente de los músculos de una o ambas piernas.

El síndrome de cauda equina es difícil de diagnosticar. Es poco frecuente y sus primeros síntomas pueden ser similares a los de otras enfermedades. Además, los síntomas asociados al síndrome de la cola de caballo pueden variar en intensidad y evolucionar lentamente con el tiempo.

El síndrome de cauda equina suele estar causado por una hernia discal masiva en la columna lumbar (espalda baja). Una hernia discal se produce cuando el núcleo gelatinoso de un disco se hernia, o se desplaza de su posición, ejerciendo presión sobre los nervios cercanos de la columna vertebral. Las hernias discales pueden producirse con la edad avanzada o pueden ser causadas por una lesión de la columna vertebral.

Causas del síndrome de cauda equina

Si los pacientes con síndrome de cauda equina no reciben un tratamiento rápido, los resultados adversos pueden incluir parálisis, deterioro del control de la vejiga y/o del intestino, dificultad para caminar y/u otros problemas neurológicos y físicos.

La cauda equina recibe su nombre del latín, que significa «cola de caballo», porque los nervios situados al final de la columna vertebral se asemejan visualmente a la cola de un caballo, ya que se extienden desde la médula espinal, a través de la columna lumbar y sobre el sacro, hasta la parte posterior de cada pierna.

La cauda equina es responsable de la inervación sensorial y motora de la pelvis y los miembros inferiores, así como de la función intestinal y vesical. Si la cauda equina se daña por una inflamación o compresión en la parte baja de la espalda, los síntomas pueden ser graves y desarrollarse rápidamente. La atención y el tratamiento médicos tempranos son cruciales para una recuperación lo más completa posible.

Tratamiento del síndrome de cauda equina sin cirugía

El síndrome de cauda equina (CES) es una afección que se produce cuando se daña el haz de nervios situado bajo el extremo de la médula espinal, conocido como cauda equina[2]. Los signos y síntomas incluyen dolor lumbar, dolor que se irradia a la pierna, entumecimiento alrededor del ano y pérdida de control de los intestinos o la vejiga[1].

La causa suele ser una hernia discal en la región inferior de la espalda[1]. Otras causas son la estenosis espinal, el cáncer, los traumatismos, los abscesos epidurales y los hematomas epidurales[1][2] El diagnóstico se sospecha a partir de los síntomas y se confirma mediante imágenes médicas como la resonancia magnética o la tomografía computarizada[1][3].

La CES suele tratarse quirúrgicamente mediante una laminectomía.[1] La aparición repentina se considera una emergencia médica que requiere una rápida descompresión quirúrgica, ya que la demora puede provocar una pérdida permanente de la función.[4] Pueden producirse problemas permanentes en la vejiga, disfunción sexual o entumecimiento a pesar de la cirugía.[1][3] El pronóstico es malo en aproximadamente el 20% de las personas a pesar del tratamiento.[1] Aproximadamente 1 de cada 70.000 personas se ve afectada cada año.[1] Se describió por primera vez en 1934.[5]

¿Cómo de raro es el síndrome de cauda equina?

El síndrome de cauda equina suele requerir una rápida descompresión quirúrgica para reducir o eliminar la presión sobre los nervios afectados. La mayoría de los cirujanos recomiendan la descompresión lo antes posible, dentro de las 8 horas siguientes a la aparición de los síntomas si éstos se desarrollan repentinamente.

Aunque existen informes contradictorios en la literatura sobre el momento del tratamiento, en general se considera que la cirugía en un plazo de 24 a 48 horas ofrece el máximo potencial de mejora de los déficits sensoriales y motores. En un metaanálisis, se observó que los pacientes operados en las 48 horas siguientes a la aparición de la enfermedad presentaban una mejora significativa de los déficits sensoriales y motores y de la función intestinal y vesical con respecto a los pacientes que recibieron el tratamiento después de 48 horas.1 Sin embargo, incluso los pacientes operados más tarde pueden experimentar una mejora de la función urinaria y rectal, así como de los déficits neurológicos.

Tras la cirugía, el grado de recuperación es variable. Los pacientes pueden seguir experimentando algo de dolor lumbar o en las piernas, disfunción vesical o intestinal y otros problemas físicos, dependiendo de la duración de la compresión nerviosa y de la gravedad de los síntomas en el momento de la cirugía.

Author: Gustavo Ferrer